Hoy he hecho pellas. Aunque seguramente ahora no se diga así, sino de alguna otra manera más original tipo "darse el pirulo", "tunearse las clases" o "pegarse un rulo" (que alguien me instruya, por favor, por favor, ¿cómo lo llaman los chavales de hoy?), pero vosotros me entendéis, ¿no? El caso es que me he portado fatal. Porque no es que yo me haya saltado la clase de tenis, no, es que se la ha saltado mi hija, y por iniciativa de su madre.
Hace ya tiempo (¿siglos?) que corro de un lado para otro como gallina sin cabeza. De casa al trabajo, del trabajo al cole, del cole a casa, de casa a la piscina (o al tenis o a pintura o al médico...) y de la piscina a casa. Coge bolso, coge merienda, coge mochila, coge raqueta, coge análisis... y mis hijos corre que te corre conmigo, con la loca de su madre. Pero hoy me ha dado por pensar que no, que no me gusta, que yo lo que quiero es sentarme con ellos a jugar, y reírme de sus tontunas, y que si se acuestan más tarde de las nueve no tiene por qué darme un síncope, ni es tan terrible que un día no se laven los dientes. Que tengo que relativizar, y que lo que hoy necesitaba, por encima de cualquier otra cosa, era tener una conversación con mi hija de siete años.
LA conversación.La mejor conversación que he tenido nunca con ella.
Porque mira que mi hija es buena conversadora (y no es porque lleve mi sangre), pero lo de hoy ha sido... sublime.
El caso es que hemos ido hasta la misma puerta del polideportivo, pero cuando nos íbamos a bajar del coche le he dicho que no, que se viniera al asiento de delante. Y ahí nos hemos pasado una hora, con las canchas de tenis de fondo. Hemos hablado de la vida, de lo que queremos y lo que buscamos, de lo importante y lo menos importante. Hemos reído y hemos llorado (bueno, ella más, un poquito) y nos hemos abrazado mucho, y hemos establecido acuerdos, incluso los hemos puesto por escrito, nos hemos hecho promesas, declaraciones de amor y pactos secretos (N. si lees esto haz como si no te hubieras enterado).
Y después, muy tranquilitas, nos hemos vuelto a casa. Incluso nos hemos dado el lujo de detener el coche en la misma puerta y quedarnos allí otro rato para cantar a dúo (y a gritos) la canción que sonaba en la radio.
Pues sí, he hecho pellas, Estrella ha hecho pellas. Pero vamos a dormir a pierna suelta, sin ningún remordimiento. Y que nos quiten lo cantao.

1 comentarios:
Qué maravilla! Seguro que es lo mejor que has hecho en el día, puede que en muchos días, y el vínculo que has estrechado con tu hija es más importante que un año de clases de tenis, o dos o cien.
Imagino lo bien que debes sentirte después de esa pella, campana o lo que sea.
Besos
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