23 de noviembre de 2011

Adivina cuánto te quiero


A Estrella le rondan dudas, pensamientos, reflexiones sobre lo que es, lo que somos, sobre la palabra madre y su significado, sobre si diecisiete días son un mundo y ella y yo nos parecemos. Cuando era pequeña y me preguntaba, más allá del famoso "hasta la luna y vuelta", yo contestaba que la quería TODO. Así, a lo grande, pero sin poesía. ¿Se puede amar más que todo? ¿Imposible? Pues eso me pasa a mí con los años, que eso crece, y ella, y yo. Y como deseo con toda mi alma estar presente en su proceso de comprensión y no sé cómo hacérselo ver, insisto en los abrazos, en los besos, en las miradas cargadas de significados... Pero hoy no he podido aguantar más y le he preguntado:
-Estrella, ¿estás triste?
-Un poco.
-¿Tú sabes que puedes contármelo todo?
-Sí.
-¿Tú sabes que no me voy a enfadar, que entenderé lo que sientas, y aceptaré tus dudas, y trataré de resolvértelas?
-Sí.
-Pues venga, cuéntame qué te preocupa.
-Vale, te lo cuento.
Caída de ojos avergonzados. Morritos de preocupación.
-Es que se me ha roto un poco la mochila. Y a lo mejor tú no, pero papá seguro que se enfada...
Bendita mochila.

4 comentarios:

myriam dijo...

bendita inocencia! es cierto no importan los días ni el momento del lazo. Lo que importa es ese amor infinito que crece desproporcionado cada día, cada segundo.

Me alegro que fuera la mochila, al menos por ahora.

Jo Grass dijo...

El amor de una madre es infinito. Qué tierno resulta reconfortarles porque sus problemas todavía son pequeños, aunque para ella parezca lo contrario.

Muchas gracias por tus palabras de aliento. Todavía pertenezco al grupo que colecciona rechazos de agentes y editoriales.Espero solventarlo antes de jubilarme, jajaja

Lou Perea dijo...

Ay Estrella...
Besos

Lou

Sergio dijo...

Bendita mochila, claro.
¡Qué grandes son estos pequeños!