21 de septiembre de 2011

La boda del año

Dice mi hermano que, cuando era pequeño, sus tres hermanas, que son unas brujas, le mandaban hacer recados y luego le cronometraban el tiempo que tardaba en cumplirlos. Lo que no me ha quedado claro es el castigo si no cumplía el récord fijado, aunque siendo como es, deportista y competitivo, supongo que su propio orgullo herido. Yo no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo con claridad meridiana eran nuestros juegos en el suelo de su habitación, con los indios y vaqueros de plástico. Yo iba siempre con los indios, y me negaba a que ninguno de los combatientes muriera. Como mucho, resultaban heridos y, por supuesto, una enfermera los curaba a todos (¿por qué una enfermera y no una médico, me pregunto hoy con la mirada del nuevo siglo?); después, firmaban la paz.
-Jo, eso sí que no. Es que si firman la paz, ¿a qué jugamos?
-Pues a que vivían todos juntos y eran amigos y...
-¡MENUDO ROLLO!
Se enfadaba. Y ahora lo entiendo. Menuda compañera de juegos. Claro, que eso de que mis películas favoritas fueran Siete novias para siete hermanosSonrisas y lágrimas o Brigadoon deja una idea clara de mi carácter. Mi antiguo carácter. Ejem.
En fin, el caso es que mi hermano afirma que aquello lo traumatizó. Yo recuerdo más traumáticas las tardes que pasé tratando de estudiar los exámenes mientras un energúmeno golpeaba el armario del pasillo una y otra vez con la pelota.
Bum. Bum. Bum. Bum. Bum.
-¡Enanooooooo!
Pobre mío. Con treinta y ocho que va a cumplir y le sigo llamando enano. Y oye, él me contesta. Tan pancho. No le ofende ni lo más mínimo.
También recuerdo haber pasado tardes divertidísimas jugando con él a las pirañas. Los sofás y las mesas del salón eran barcos; el suelo, el mar infestado de pequeñas bestias hambrientas. Y nosotros teníamos que pasar de un barco a otro hasta que uno de los dos caía y el otro lo salvaba de morir devorado. Suena un poco salvaje, ¿verdad? Sobre todo ahora, como dueña y señora de un sofá y una mesa que no permito que ningún niño pisotee. Pero en aquel entonces, lo salvaje hubiera sido dejarse devorar por  las pirañas.
El enano, el otro día, dio una fiesta. Una fiesta preciosa, llena de amigos entrañables, que le demostraron de mil maneras lo mucho que lo querían y lo que ha sembrado a lo largo de su vida. Y yo me sentí tan, ¡pero tan orgullosa de él! Luego vino la parte del vídeo, con fotos de nosotros cuando éramos pequeños, de los que ya no están, de lo que fuimos, y muchas otras de lo que yo no sé, la parte de la vida de mi hermano que desconozco, aunque intuyo: sus viajes, sus aficiones, sus compañías... su vida de adulto, vaya. Y entonces, entre la nostalgia de lo que fuimos y la emoción de lo que somos me dio por llorar. De repente, caí del guindo: se casa mi hermano pequeño. El que decía "viete" en lugar de "vete". El que me contaba sus secretos, allá con sus primeros amores. El que jugaba al fútbol con cualquier objeto de la calle. El que se hinchaba a bocadillos de foiegras La Piara.  El que viajó con mi padre y conmigo a París, durante nueve días inolvidables. El que miraba con cara de susto a la señora irlandesa con la que le había tocado vivir, antes de que yo volara a su lado, para hacer de intérprete. El que se pedía siempre "preguntar" (al camarero, a la gente de la calle por una dirección), mientras sus hermanas mayores rehuíamos tal responsabilidad. El que veía volar agarrado a una vela sobre el mar Menor, allá, pequeñito. El que jugaba al sí y al no con papá, y se moría de risa con sus cosquillas. El que hacía rallys con su bicicleta entre las piedras de los soling.
Mi hermano pequeño se casa. Esa es la boda del año, y no la de la duquesa de Alba. Y encima lo hace con la mujer de su vida, porque nunca jamás le había visto tan feliz ni tan compenetrado con nadie. ¿Se puede pedir más?
Felicidades, enano.
P. D. Yo iré de fucsia pero con las uñas pintadas de Ballerina, de Chanel. No he encontrado ni una laca cereza que no me horrorice.

4 comentarios:

Jo Grass dijo...

Qué entrañable el recuerdo de la vida junto a tu hermano. Ojalá que tenga una boda de ensueño que no olvide nunca, y que tú la disfrutes, divina de la muerte, vestida de fucsia. Tengo que probar ese esmalte!
Besos

Lou Perea dijo...

Tocado, llevas tocado y no me vengas ahora con que no, ¿pero es que no sabes que los tocados son tendencia?,ay madre...
Que disfruteis muchísimo y... quiero fotos.
Besos

Lou

myriam dijo...

Buahhh buahhhh!!!! Casi lloro! Que bonito!!! De reoente conozco tu infancia, la he vivido mientrs leia, te he imaginado saltando entre barcos, te he reconocido mirando el horinzote mientra stu hermano navega, te he visto estudiar!!! estoy enfadada contigo!!! nos haces esperar mu ho para volver a escribir!

Anónimo dijo...

Hola "La mar de estrellas", yo también leía este tipo de libros de aventuras. A mi me gustaban "Los Hollister "y tengo aún algunos números dispares, que "defiendo" de la quema de libros en la estanterías de casa; porque fueron parte de mi infancia, y de mi vida también.
¡Me alegra volver al mundo de la literatura¡ bss BelénF