16 de junio de 2011

Bajo el agua



Adela caminaba sin rumbo fijo, solo por el placer de andar. Los rayos del sol caían sobre el robledal y creaban sombras juguetonas y brillos escurridizos entre las hojas. Los sonidos del silencio acompañaban sus pasos: un cuco aquí, un zumbido allá, su propio respirar entrecortado. Sentía calor, a pesar de que su amplio sombrero floreado le protegía el rostro.

Llegó hasta la Laguna de la Ducal. El agua se abría paso de pronto, como si el camino no tuviera más destino que aquel, y Adela en seguida se descalzó y correteó hasta el borde del puente. Le gustaba colocarse allí, con las piernas colgando, y tratar de alcanzar el agua con las puntas de sus dedos. Aunque nunca lo lograba, no desistía, y en cada nueva ocasión volvía a quitarse los zapatos pensando “hoy sí, seguro que esta noche crecí lo suficiente”.

Pero esta vez no llegó a sentarse en aquel borde, la visión de un libro flotando sobre las aguas la detuvo en el camino. Estaba abierto por la mitad y yacía boca abajo. Pero flotaba, como si fuera un corcho, en medio de la pequeña laguna. Adela recogió una larga rama y trató de alcanzarlo, pero no llegaba. Las ondas sobre el agua lo hicieron bailar, poco más. Probó a meter las manos y chapotear en la orilla, por ver si con esa agitación provocaba algún pequeño oleaje que lo acercara. Solo consiguió ladearlo. Y como si el delicado equilibrio se hubiera roto, lo vio sumergirse en las aguas verdosas.

Adela contempló el lugar donde, poco antes, yacía aquel volumen amarillento. Y sintió pena.

Caminó hasta el puente y asomó su cabeza entre los barrotes de madera húmeda. Las cintas de su sombrero juguetearon con el viento mientras ella lo buscaba con la mirada, tratando de atravesar la superficie. De pronto, creyó ver un movimiento en el agua. Una burbuja, dos, cinco… un borboteo silencioso y el libro apareció de nuevo, esta vez boca arriba. El viento cambió y sopló fuerte sobre las páginas, que bailaron a su antojo. Adela miraba y remiraba, no lograba entenderlo.

***

Dos niños llegaron corriendo hasta la orilla y empezaron a empujarse, gritando, y jugando a desvestirse lo más deprisa posible. El más alto, de pronto, se quedó parado con la vista fija en la laguna.

–Mira allí, ¿lo ves?

–¿El qué? No veo nada.

–Justo debajo del puente.

–Está muy oscuro. No distingo nada.

–Hay un libro, ¿de verdad no lo ves? Flota.

–¿Cómo que flota?

Los chicos se acercaron hasta el puente y se asomaron todo lo que pudieron al borde. Allí, bajo la sombra del arco de madera, estaba el libro. Yacía boca abajo. Otra vez se había dormido en medio de un gran bostezo.

–¿Y eso qué es? –dijo el de la vista más aguda–. Allí, casi en la otra orilla. Parece un sombrero, ¿no?

En ese momento se oyó una risa. Una risa casi trasparente, solfeando entre las aguas. Venía de todas partes y de ninguna. El sombrero se izó  de pronto y apareció debajo de él una niña. La dueña de la risa. Los señaló con el dedo, volvió a gorjear, y se sumergió de nuevo.

Los niños corrieron hasta la otra orilla, alcanzaron el sombrero, pero debajo no hallaron nada. Se metieron en el agua hasta la rodilla, buscaron y gritaron; la niña había desaparecido. Ellos miraban el agua: allí, en la misma orilla, alrededor, bajo el puente, más allá… Solo el libro nadaba por el lago, arrastrado por una corriente Y de pronto vieron el libro otra vez, flotando, movido por una corriente ilusoria. Uno de ellos cogió un palo, estiró el brazo y trató de alcanzarlo. El volumen desapareció bajo el agua.
Y de pronto vieron una burbuja, dos, cinco, un borboteo silencioso…

* Imagen tomada de http://gibramg.blogspot.com/


7 comentarios:

Jo Grass dijo...

Brutal!!! Me estaba deleitando con la escena bucólica de la niña, tan visual y magistralmente contada y acabo con la frente fría, con esa imagen siniestra del libro que engulle niños, ahhhh. Se puede generar terror a plena luz del día. me has dejado impresionada!
besitos

Jesús Elorriaga dijo...

Genial, hay una mini película en ese relato. M. Night Shyamalan te habría comprado los derechos :D. Me gusta el naturalismo y el misterio que muestra.

Anónimo dijo...

Inquietante.
Besos

Lou

Lamardestrellas dijo...

Es muy curioso, porque este cuento, que hice para el taller de creación, se ha interpretado de modos muy diferentes: a unos les da miedo, a otros desazón, a otros les parece una historia de magia y hadas...

S. Raló dijo...

Yo soy de esas a las que le da un extraño miedo, no he cambiado.

¿Qué tal por creación?
Que entre conciertos y exámenes, hace como dos meses que no piso la clase
¿Cuando es el último día?
Por ir, al menos, a hacer acto de presencia..

myriam dijo...

Qué romántico. Puedo compartirlo? Es simplemente maravilloso.

Lamardestrellas dijo...

Gracias, Myr. Mañana te escribo. Sara, falté a las dos últimas clases por un marroncito de trabajo y no sé ni cuándo ni cómo acabó el taller, aunque supongo que no hubo acto fin de curso, como se planeó :(