24 de marzo de 2011

Triste, triste...



Sus matrimonios, su obsesión por las joyas, su voz con poco potencial para las tablas del teatro, sus ojos que muchos consideraban violetas, su pasión por Richard Burton, su premio Príncipe de Asturias, su lucha contra el SIDA, su amistad con Rock Hudson, Monty Clift o Michael Jackson, sus adicciones, su mala salud, su belleza, oh, sí, su belleza singular...

Yo me quedo con La gata sobre el tejado de zinc. Y eso que  la peli es dura. Y eso que Paul Newman podría haberla eclipsado. Pero no. Siempre la recordaré con ese vestido blanco con escote en uve y ese solitario colgando de su cuello. No le hacían falta más adornos.

4 comentarios:

Jo Grass dijo...

¡Qué bella! ¡Qué grande!

http://www.youtube.com/watch?v=l0ViPCmr318&feature=player_embedded

Lamardestrellas dijo...

¡Me encanta esa escena!

Jesús Elorriaga dijo...

Con Richard Burton se hacía más grande, lástima que quien la dobló al castellano, como en Gigante, la dejara como una pusilámine, porque en realidad era todo caracter y pasión.

Anónimo dijo...

Es verdad que ha sido una pena. Y qué casualidad, porque ayer era el centenario del nacimiento de Tennesee Willians, porque yo también me quedo con "La gata sobre el tejado de zinc", que tengo grabada y ayer vi.
Que estoy aquí.
Un beso.
Baltasar