Begoña me decía hoy que ella es española, no sueca. Yo también. Y odio ver a alguien que conozco de toda la vida, alguien que pienso (¿pensaba?... Me lo voy a pensar) que era un viejo amigo, y comprobar cómo casi se rompe el cuello para simular que no me ha visto, y salir corriendo en otra dirección.
Eso es justo lo que me acaba de ocurrir; y oye, sí, que puede tener mil excusas: tenía prisa y yo hablo mucho; su novia (que lo acompañaba) no me aguanta; huelo mal, y eso se nota a un metro de distancia; temía que mis fieras, aunque no estuvieran a la vista, andaran cerca... En fin, posibilidades hay muchas, pero en cualquier caso, reconozco que me ha sentado mal. Sobre todo porque me estaba probando unos zapatos (de color fresa, divinos, con un taconazo de escándalo... pero esa es otra historia) y me he quedado con su nombre en la punta de la lengua, una bota en alto y una sonrisa de idiota en la cara.
A lo mejor me ha sentado peor porque andaba con la resaca de lo que me ocurrió con otra vieja amiga hará unas tres semanas. Le escribí un SMS preguntándole qué tal le iba la vida y me contestó con un amable: "Perdona, ¿quién eres? ¡Es que no consigo ubicarte!". Es verdad que hacía mucho tiempo que no hablábamos, pero también lo es que habíamos sido muy, muy buenas amigas durante años, que yo siempre intenté mantener el contacto y, sobre todo, ¡que había firmado mi mensaje! Y no era una broma, no. De verdad no tenía ni idea de quién era yo. Pero después de identificarme me dijo la ilusión que le hacía volver a saber de mí, lo mucho que le preocupaba que perdiéramos de nuevo el contacto, lo muchísimo que me había echado de menos... Total, tanta efusión mostró, que esa misma noche le escribí un mail contándole mi vida y preguntando por la suya... Mail que, por supuesto, no ha contestado. Otra habitante del país de los reyes Gustavo y Silvia.
Pero como yo soy mucho de darle vueltas a las cosas, y buscar explicaciones donde a veces no las hay, me he acordado de que, hace poco, una compañera me comentaba que a ella no le gustaba reunirse con sus antiguas amigas del cole. Que sí, que había sido muy feliz en el colegio, que no tenía ningún trauma ni nada parecido... pero que pensar en esa época le provocaba cierta desazón, sin que pudiera razonar por qué. A mí me encanta reunirme con los viejos amigos: del cole, de la pandilla de verano, de mi primer trabajo... Yo no me haría la despistada si viera a algunos de estos amigos en un centro comercial, pero a lo mejor ella sí. Y como da la casualidad de que mi compi P. es un bellísima persona, siempre dispuesta ayudar, de risa fácil, generosa, inteligente, y una excelente persona, me da por pensar que a lo mejor no es tan grave eso de hacerse el sueco. Que tal vez haya motivos difíciles de explicar, pero fundamentados en el subconsciente. Y que girar la cara para otro lado no sea más que una una forma, como otra cualquiera, de mirar para adelante.
Dicho lo cual... si me ves por la calle, y no te saludo, no te cortes: pega un grito, llama mi atención, no te quedes con la bota en la mano. Fijo que no te había visto y me encantará saludarte.
Dicho lo cual... si me ves por la calle, y no te saludo, no te cortes: pega un grito, llama mi atención, no te quedes con la bota en la mano. Fijo que no te había visto y me encantará saludarte.


