16 de marzo de 2012

Cuello quebrado


Begoña me decía hoy que ella es española, no sueca. Yo también. Y odio ver a alguien que conozco de toda la vida, alguien que pienso (¿pensaba?... Me lo voy a pensar) que era un viejo amigo, y comprobar cómo casi se rompe el cuello para simular que no me ha visto, y salir corriendo en otra dirección.
Eso es justo lo que me acaba de ocurrir; y oye, sí, que puede tener mil excusas: tenía prisa y yo hablo mucho; su novia (que lo acompañaba) no me aguanta; huelo mal, y eso se nota a un metro de distancia; temía que mis fieras, aunque no estuvieran a la vista, andaran cerca... En fin, posibilidades hay muchas, pero en cualquier caso, reconozco que me ha sentado mal. Sobre todo porque me estaba probando unos zapatos (de color fresa, divinos, con un taconazo de escándalo... pero esa es otra historia)  y me he quedado con su nombre en la punta de la lengua, una bota en alto y una sonrisa de idiota en la cara.

A lo mejor me ha sentado peor porque andaba con la resaca de lo que me ocurrió con otra vieja amiga hará unas tres semanas. Le escribí un SMS preguntándole qué tal le iba la vida y me contestó con un amable: "Perdona, ¿quién eres? ¡Es que no consigo ubicarte!". Es verdad que hacía mucho tiempo que no hablábamos, pero también lo es que habíamos sido muy, muy buenas amigas durante años, que yo siempre intenté mantener el contacto y, sobre todo, ¡que había firmado mi mensaje! Y no era una broma, no. De verdad no tenía ni idea de quién era yo. Pero después de identificarme me dijo la ilusión que le hacía volver a saber de mí, lo mucho que le preocupaba que perdiéramos de nuevo el contacto, lo muchísimo que me había echado de menos... Total, tanta efusión mostró, que esa misma noche le escribí un mail contándole mi vida y preguntando por la suya... Mail que, por supuesto, no ha contestado. Otra habitante del país de los reyes Gustavo y Silvia.
Pero como yo soy mucho de darle vueltas a las cosas, y buscar explicaciones donde a veces no las hay, me he acordado de que, hace poco, una compañera me comentaba que a ella no le gustaba reunirse con sus antiguas amigas del cole. Que sí, que había sido muy feliz en el colegio, que no tenía ningún trauma ni nada parecido... pero que pensar en esa época le provocaba cierta desazón, sin que pudiera razonar por qué. A mí me encanta reunirme con los viejos amigos: del cole, de la pandilla de verano, de mi primer trabajo... Yo no me haría la despistada si viera a algunos de estos amigos en un centro comercial, pero a lo mejor ella sí. Y como da la casualidad de que mi compi P. es un bellísima persona, siempre dispuesta ayudar, de risa fácil, generosa, inteligente, y una excelente persona, me da por pensar que a lo mejor no es tan grave eso de hacerse el sueco. Que tal vez haya motivos difíciles de explicar, pero fundamentados en el subconsciente. Y que girar la cara para otro lado no sea más que una una forma, como otra cualquiera, de mirar para adelante.

Dicho lo cual... si me ves por la calle, y no te saludo, no te cortes: pega un grito, llama mi atención, no te quedes con la bota en la mano. Fijo que no te había visto y me encantará saludarte.

29 de febrero de 2012

Examen

Lo prometido es deuda. Y a mi amiga Lou no puedo negarle nada. Sobre todo, después de haberme concedido un premio. Aunque lo que me pida sea contestar a cinco preguntas de examen. Buf, qué nervios. Allá voy.

Pero no, antes dejadme a hacer una confesión: me da mucho apuro hablar de mí misma así, tan directamente. Pregunta, respuesta, pregunta, respuesta...  Vale, que sí, que en este blog me paso el día hablando de mí, y de mi vida y de mis comeduras de coco y de mis niños... Pero me creo que lo hago con disimulo, porque lo escondo con frases largas, me enredo con las palabras, cuento lo que quiero y, muchas veces, cuando no tengo ganas de hablar, no cuento nada.

Y eso es lo que acabo de hacer, enredarme con las palabras. Así que voy a ser una buena chica y voy a ir al grano, que es lo que Lou espera de mí.



1.- ¿A quién te gustaría borrar del mapa del mundo?
Puede sonar a tópico, pero hay algo que detesto por encima de cualquier otra cosa: la explotación infantil. Aprovecho (sí, soy una aprovechada, lo reconozco) para recomendar una exposición que hay ahora mismo en la Fundación Mapfre con la obra de Lewis Hine. Además, ¡es gratis!
2.- En una palabra, sólo una, cómo te definirías.
Pues yo diría que soy una persona bastante abierta, aunque también soy tímida, sobre todo cuando hay mucha gente y me toca hablar. Aunque claro, si es hablar por un micrófono, y no hay cámara, y  nadie me ve, salvo el técnico de sonido, pues ahí ya no me importa hablar. Y dejo de ser tímida para ser parlanchina. Dicen que parezco muy segura de lo que digo, pero ¡qué va! Es la voz, que la tengo fuerte. Y el pelo, moreno. Y la piel, blanca. Además soy un poco cursi, no me gusta cocinar y me preocupo demasiado... aunque a la vez soy alegre, cariñosa, buena amiga, eeeh, sí, me estoy pasando, se supone que uno no debe hablar demasiado bien de sí mismo. Se supone que uno no debe hablar de sí mismo. Se supone que uno no debe hablar demasiado... ¿Una palabra, decías, Lou? PLASTA, soy una plasta.
3.- ¿Quien ha sido (o es) la persona que más ha marcado tu carácter?
No tengo ni idea, pero supongo que mi madre tiene mucho que ver con lo que fui en la infancia; y los restos de eso que fui, andarán por aquí dentro. Pero la vida y los acontecimientos te marcan tanto o más que las personas o sea que... Plasta, soy una plasta.
4.- Cuando imaginas un estado de tranquilidad absoluta, ¿donde estás, en el mar, el campo, tu casa, cuál es tu paraíso?
Solía ser en la playa, oyendo el rumor del mar, mirando sin ver la línea de horizonte, los pies descalzos entre la arena, vestida, en silencio... Idílico, ¿verdad? Pero como acabo de comentar, la vida y los acontecimientos nos marcan. Y hoy por hoy me encanta meterme bajo la ducha caliente (muy caliente) y dejar que el agua corra por encima de mi cabeza llevándose cualquier pensamiento. Luego salgo de la ducha y... ¡a correr!
P. D. Hace poco viví un momento de serenidad absoluta: en el sofá, con mis tres niños rodeándome, achuchándome, calentitos bajo una manta de cuadros y EN SILENCIO (sí, es posible, solo hay que ponerles El rey León).
5.- ¿Por qué escribes un blog?
Siempre he escrito. En mi diario, en hojas sueltas, en los bordes de los libros, en cuadernos que han ido perdiéndose con los años. Supongo que escribo un blog porque me permite compartirlo con los demás sin llegar a creerme del todo que hay alguien al otro lado, leyéndome; y al mismo tiempo, sabiendo que alguien habrá. Algún que otro amigo.

Bueno, ahora se supone que debería hacer mis propias preguntas. Aviso: lo de estudiar Periodismo fue circunstancial. Soy tan mala planteando preguntas como contestándolas.

1. ¿Una frase (un párrafo, un texto) que te haya marcado?
2. Si pudieras viajar en el tiempo, ¿lo harías hacia el pasado o hacia el futuro?
3. ¿Qué crees que permanece inmutable a lo largo de una vida?
4. ¿En qué te fijas cuando ves a alguien por primera vez?
5. ¿Qué te gustaría que te hubiera preguntado?

No nomino ningún blog, me lo vais a permitir. Quien quiera seguir el juego, que lo haga. Y si me dejáis ver vuestras respuestas en los comentarios de esta entrada, yo, feliz.

P. D. Gracias Lou, por ser amiga, escritora, lectora, supermamá y, encima, nominarme.

18 de febrero de 2012

El troglodita


Lorenzo se ha hecho hombre. Eso o bestia, pero como es mi niño, prefiero pensar que es la testosterona. Porque ya no juega con las barbies si no es para hacerlas luchar (lo de que lo hagan desnudas es circunstancial: se corresponde con la manía de Mar de desvestir a todas sus muñecas para luego pedirme por favor que la ayude a vestirlas). Porque estas Navidades pidió a sus majestades los Reyes de Oriente "un canión lleno de cossches" en vez del perrito que pidió el año pasado para dormir con él. Porque cuando le pido que me dé un beso, ahora coge carrerilla, se abalanza sobre mí y me muerde. Eso sí, con mucho cariño. Y a veces, con las mismas, me golpea la nariz o el estómago de un cabezazo. Porque cuando leemos cuentos, cualquier personaje ruge, aunque sea Blancanieves. Porque se niega a hacer pis sentado (a ver, que confiese, ¿quién ha enseñado a mi hijo a "ametrallar" supuestos bichos dentro de la taza del váter?).
El que haya engordado dos kilos en un mes no es de hombres, ni de bestias, es de gordos. Y mi pequeño troglodita come lo que le echen, sin parar. Ahora es un hombre, bestia y gordo. Pero el amor es ciego, y yo le veo más guapo que nunca.
P. D. Llevo pomada en la nariz por su último ataque de cariño.